Hygge - El hermoso concepto Escandinavo que puede cambiar tu vida
¿Te imaginas quedarte en un lugar del que no puedas salir en 6 meses? Y que, además, afuera esté completamente obscuro y frío la mayoría del tiempo. ¿Qué emociones te provoca ese pensamiento? ¿Ansiedad? ¿Depresión? ¿Impotencia?
Para muchos Escandinavos, esa es la realidad; sin embargo, pocos son los que experimentan esas emociones y todo es gracias a su hermosa filosofía de Hygge.
Aunque no hay una traducción literal, trataré de expresarlo lo más sencillamente posible: Hygge es un sentido de comfort, tranquilidad y acogimiento en el alma. Es proveer a tu corazón y a tu espíritu de un hogar, un santuario de amor, paz y tranquilidad.
ToveMaren Stakkestad dijo que “Hygge no debe traducirse, debe sentirse".
En Hygge, no se trata de la acumulación de bienes o comodidades sino de proveernos de un espacio en el que, tan pronto crucemos su umbral, sintamos armonía, paz, tranquilidad y amor en lo más profundo de nuestra existencia y, por qué no, extender Hygge hacia todas las otras áreas de nuestras vidas.
Imagina dejar de preocuparte por lo que no tienes y cambiar el enfoque a amar lo que tienes y sentir profundo agradecimiento por ello.
Cuando cambiamos el enfoque hacia la gratitud por lo que nos rodea, dejamos de ser esclavos del consumismo y de los "deberes" y podemos entonces retomar el por qué y el para qué estamos aquí: para amar, para aprender, para crecer, para despertar y para compartirnos.
Al conectarnos con esa gratitud, nos inspiramos a distanciarnos del caos y la frenética pesadilla de una vida sin sentido y sin propósito y atrevernos a buscar la vida que deseamos vivir.
Hygge es, pues, una celebración del alma, del corazón, del cuerpo y del espacio que habitamos. Es aprender a conectarnos con nuestro entorno en armonía para ser armonía. Aprender a disfrutar el aquí y el ahora conscientemente.
Para lograrlo, hay que atrevernos a conocernos y a quitarnos todas las imposiciones sociales y culturales de lo que es sentirse bien, estar seguro, ser feliz, ser bello, estar sano...
No necesitas poseer nada para vivir Hygge, sólo necesitas cambiar tu percepción y perspectiva para entender que el momento presente lo es todo y observar con detenimiento la magia en el abrir del botón de una flor, de caminar en la lluvia o de un amanecer, de acariciar a tu mascota o abrazar a tu pareja...
Aprender a no temer al silencio sino a amarle, aprender a pausar, a observar tus pensamientos sin agobio, sin cargas emocionales.
Atrévete a enamorarte de ti mismo y entenderás la esencia del Hygge.
Hay muchísimas formas de incorporar Hygge a nuestra cotidianidad: meditación, mantras, meditación en movimiento (baile, cocina, caminatas...), escribir (con puño y letra, no en digital), dibujar, colorear, aprender a conversar con nuestro supraconsciente, decorar tu hogar según te indique tu corazón (no tus padres o tu pareja o los estándares de lo que debe ser un hogar adulto)...
Hace unos días les preguntaba: ¿Cuántas de sus decisiones diarias se alinean con su felicidad?
Me gustaría invitarles a seguir conmigo un reto de 30 días de Hygge y a llevar un diario en el que escriban todas las actividades que hacen día a día que fomentan esa sensación de Hygge en su vida.
En la siguiente entrada, encontrarán la información con el reto. Espérenlo mañana.
Felicidades, siempre.

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