Meditación: Mitos, Verdades y Cómo Iniciar

Seguramente has escuchado hablar o leído acerca de la meditación. Seguramente, también, te has topado con una larga e intimidante lista de "reglas" y "requerimientos" a seguir para poder meditar efectivamente: desde que tienes que estar sentado y erguido y con los ojos entreabiertos, hasta que tienes que dejar tu mente completamente en blanco. 

Recuerdo hace años cuando comencé a intentar meditar, la frustración que me provocaba el no poder vaciar mi mente. En ocasiones, me ocurría totalmente lo opuesto; me invadían oleadas de pensamientos que sólo lograban estresarme más y terminaba dándome por vencida. Llegué a considerar la meditación como algo inalcanzable para alguien tan ansiosa como yo.

Y fue entonces, cuando por fin me relajé, que me descubrí meditando sin decidirlo y encontré mi propia manera de hacerlo.

Pero, a todo esto, ¿qué es la meditación?

Para mí, es probablemente la herramienta más poderosa y eficaz de transformar la mente y aumentar nuestra vibración. Se trata de acceder a un estado de consciencia mucho más profundo en el que no somos gobernados por el tumulto de pensamientos cotidianos.

¿Para qué nos sirve meditar?

Entre los muchos beneficios que nos ofrece el hábito de la meditación, figuran los siguientes:
  • Maneja el estrés.
  • Mejora la concentración.
  • Estimula el sistema inmunológico.
  • Mejora los ciclos y la calidad del sueño.
  • Aumenta nuestra frecuencia vibratoria.
  • Promueve la salud mental, espiritual, física y emocional.
  • Promueve el bienestar psicológico y emocional.
  • Nos conecta y conscientiza con el momento presente.
  • Ayuda a controlar la ansiedad, ataques de pánico y otras emociones turbulentas.
¿Y cómo medito?

Existen diversos estilos de meditación, algunos con enfoques sanadores, como la meditación Chakra, otras con objetivos más espirituales y hasta religiosos, como las meditaciones Kabbalah y Sufi. Aunque no entraré en detalle en este post, recomiendo investigarlas cuando se haya adquirido el hábito para encontrar la que más nos beneficie.

Pero ¿y si hubiera una forma de usar nuestra cotidianidad a modo de meditación? ¿Alguna vez, mientras te bañas o te vistes, te has detenido a concentrarte únicamente en tu respiración, tus movimientos y la actividad que estás realizando en ese momento? 

Una meditación no tiene que ser estar en flor de loto por veinte minutos sin pensar en nada. Puedes empezar perfectamente con dos minutos de respiración consciente:

Siéntate o recuéstate en una posición que no te cause incomodidad alguna (o estarás pensando sólo en dicha incomodidad), cierra tus ojos y comienza una profunda respiración diafragmática (inhala por la nariz, deja que tu abdomen se hinche en vez de levantar tus hombros y exhala por la boca). Con cada inhalación, permite a tu mente enfocarse en el pensamiento "inhalando", al exhalar, concéntrate y piensa "exhalando". Repítelo las veces que te sientas cómodo e intenta incrementar el tiempo con cada meditación.

No te preocupes si llegan otros pensamientos a tu mente. Simplemente trata de no perderte en ellos y de sacudirlos. Una manera útil de distanciarnos de ellos es el decirnos "estoy pensando en..." esto nos permite estar conscientes de la situación, sin abandonarnos al sentimiento que dicho pensamiento provoca.  Después, vuelve a concentrarte en tu respiración.

Si te es más cómodo o sencillo, puedes buscar meditaciones guiadas en línea. Puedes encontrar un sinnúmero en plataformas como YouTube y Spotify

Lo más importante es recordar que no hay una manera correcta o incorrecta de meditar. La mejor manera es la que se ajuste a tus necesidades, posibilidades y objetivos. Entre más lo hagas, más fácil te será y más tipos de meditación podrás explorar. 

Así que te invito a que lo intentes y si en un principio te es difícil, no te juzgues y no desistas. Recuerda que esto es algo nuevo que estás intentando y toda nueva habilidad conlleva práctica y dedicación. 

Habrá días en los que no te sea posible meditar, ya sea por tiempo o por el estado en el que te encuentres y está bien. Puedes iniciar haciéndolo sólo en tus días libres o unos minutos antes de dormir. 

En estos tiempos, pareciera incluso mal visto el quedarse sin hacer nada pero, ¿en verdad dejas a tu mente descansar? Si no lo estás haciendo, ¡¿qué esperas?! Dale un respiro y haz de ésta una práctica cotidiana. 

Olvídate por un momento del estrés del día, del pasado que te ancla o el futuro que te agobia y concéntrate sólo en sentir y agradecer este maravilloso cuerpo, este hogar de tu espíritu que está aquí para experimentar todas las maravillas que este plano tiene para nosotros. 

Namasté!


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